Cierto
vapor iba camino de Cuba, cuando en medio del mar se desencadenó
una terrible tempestad. Dentro del barco viajaba, con el capitán,
su esposa y su hija, las cuales estaban en el camarote durante aquellas
horas difíciles. La mujer especialmente, estaba llena de angustia,
al ver el peligro tan eminente que todos corrían, mientras quedaba
extrañada de la serenidad de su esposo, y la intrepidez con que este
mandaba el buque.
Cuando se hubo serenado la tormenta, este fue a ver a su mujer, la
cual le felicitó por lo valiente que se había portado en la hora difícil
de la tempestad. El capitán, sin decirle una sola palabra llamó a
su niña, y poniéndola sobre sus rodillas, le arrimó la espada junto
a la cara, la niña no se movió tan siquiera. Entonces el padre le
dijo:
- ¿No tienes miedo que te haga ningún mal con la terrible espada,
hija mía?
- No papá, la espada está en tus manos y yo sabía que tu no me harías
ningún mal Respondió la niña.
Volviéndose entonces a su esposa le dijo:
- Querida mía el desenlace de aquella tempestad estaba en manos de
mi Padre, y sabía que El no me haría ningún daño. Hice todo lo que
estuvo de mi parte, como capitán de barco; pero lo dejé todo al cuidado
de El; la confianza en mi padre fue lo que me sostuvo firme y tranquilo
en medio de la tormenta.
¡Cuán
precioso es saber que tenemos un Padre que está en los cielos que
cuida de nosotros, en el cual podemos confiar en las dificultades!
"JEHOVA
ES TU GUARDADOR: JEHOVA ES TU SOMBRA A TU MANO DERECHA"
Salmo 121:5
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Carta Pastor@l