Don
Carmelo Dezeta fue un cristiano a carta cabal. Vivía en Buenos Aires,
Argentina, y alcanzó la edad de noventa y tres años. Prácticamente,
durante toda su vida fue un hombre saludable, pero siendo ya anciano,
su cuerpo débil no resistió la enfermedad que le vino, y a causa de
una infección los médicos se vieron en la necesidad de amputarle la
pierna derecha.
Un hermano en Cristo, que fue a visitarle en el hospital, le relató
al pastor Alberto Mottesi la fortaleza de espíritu en que encontró
a don Carmelo. Cuando entró en la sala para visitarle, le vio que
estaba con los ojos cerrados.
El visitante le preguntó:
- ¿Cómo está, don Carmelo?
A lo cual, sin abrir los ojos, don Carmelo contestó:
- Jehová dio, Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.
El hermano pensó que don Carmelo no le había entendido la pregunta,
y se la repitió. Don Carmelo dijo:
- Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la
fortaleza de mi vida; ¿de qué me atemorizaré?
El visitante pensó que don Carmelo estaba como soñando, y que no se
había percatado aún de su presencia.
Al hacerse la misma pregunta por tercera vez, don Carmelo abrió los
ojos, pero todavía sin ver directamente a su visitante dijo:
-Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
El hermano salió de la sala gratamente impresionado de la fe tenaz
de don Carmelo, y de su dependencia en Cristo.
"Y
EN TI CONFIARAN LOS QUE CONOCEN TU NOMBRE; POR CUANTO TU, OH JEHOVA,
NO DESAMPARASTE A LOS QUE TE BUSCARON" Salmo 9:10
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